jueves, 1 de octubre de 2026

No que no chistosin. Valles a Lamarquiux

Serenidad y paciencia al destapar a la pretensa.

Por Leonardo Reichel Urroz

En política quizá sea más fácil saber ganar que saber perder. La victoria suele reunir voluntades; la derrota, en cambio, pone a prueba convicciones, lealtades y carácter.

Por eso resulta significativa la aclaración hecha por Javier Lamarque Cano después de que en redes sociales circulara un texto que se le atribuía y en el cual supuestamente manifestaba inconformidad con el proceso interno de Morena que concluyó con la designación de Lorenia Valles Sampedro como coordinadora en Sonora.

Lamarque fue categórico: no reconoció como suyo aquel mensaje, manifestó estar conforme con el resultado, afirmó no tener reclamo que formular y expresó su respaldo a Lorenia Valles.

La aclaración tiene importancia porque una competencia interna inevitablemente genera expectativas. Quien participa en ella lo hace porque considera que puede ganar. Lamarque tenía razones para aspirar a la coordinación y seguramente esperaba un desenlace favorable. No ocurrió así.

Y es precisamente allí donde comienza otra dimensión de la política.

La democracia no consiste solamente en defender un procedimiento cuando nos beneficia. Su prueba más difícil llega cuando el resultado favorece a otro. Aspirar legítimamente a una responsabilidad pública no significa adquirir un derecho sobre ella.

Hay una antigua enseñanza política que conserva vigencia: el poder es circunstancial; las convicciones, si verdaderamente existen, deben sobrevivir a la circunstancia.

Lamarque pudo inconformarse. Optó públicamente por reconocer el resultado y continuar con su responsabilidad como alcalde de Cajeme. Cada ciudadano podrá interpretar políticamente esa decisión, pero el hecho concreto es éste: frente a las versiones que pretendían colocarlo en confrontación con Lorenia Valles, él mismo negó esa confrontación.

Y eso también obliga a reflexionar sobre otro fenómeno de nuestro tiempo: la facilidad con que una frase falsa puede adquirir apariencia de verdad simplemente porque circula muchas veces.

Las redes sociales han democratizado la palabra, pero no necesariamente la verdad. Hoy cualquiera puede fabricar una declaración, atribuírsela a un personaje público y ponerla a circular antes de que el aludido tenga siquiera oportunidad de desmentirla. Por ello, en tiempos de competencia electoral, la responsabilidad del ciudadano no termina al recibir información: comienza precisamente allí, preguntándose quién lo dijo, dónde lo dijo y si existe una fuente verificable.

La unidad política, por otra parte, tampoco debe confundirse con ausencia de diferencias. Un partido democrático puede albergar aspiraciones, desacuerdos e incluso proyectos personales distintos. La verdadera unidad no consiste en que nadie discrepe, sino en que la competencia interna no destruya aquello que sus integrantes dicen compartir.

Morena enfrenta ahora esa prueba en Sonora. Lorenia Valles obtuvo la coordinación; quienes aspiraron a ella deberán decidir cómo participan en la etapa siguiente. Lamarque ya expresó públicamente cuál será su posición: aceptar el resultado y respaldar el proyecto.

Vendrán rumores, interpretaciones y versiones interesadas provenientes de distintos actores, como ocurre en prácticamente toda contienda política. También crecerá la atención sobre Movimiento Ciudadano y sobre Luis Donaldo Colosio Riojas, cuyo futuro electoral rumbo a 2027 todavía no ha sido formalmente definido.

Pero precisamente por eso conviene separar los hechos de las conjeturas.

La política democrática se empobrece cuando necesita inventar palabras al adversario para combatirlo. Las diferencias reales son suficientes para discutir proyectos, trayectorias y resultados.

Al final, la fortaleza de cualquier movimiento político no puede medirse únicamente por cuántos ciudadanos logra reunir cuando las cosas marchan bien. También se mide por su capacidad para procesar las aspiraciones frustradas sin convertirlas necesariamente en rupturas.

Porque ganar una encuesta puede otorgar una candidatura o una responsabilidad política.

Saber qué hacer después de no ganarla revela otra cosa: la relación que cada político mantiene con el poder.

Y esa diferencia, aunque no aparezca en ninguna encuesta, también cuenta.