martes, 30 de enero de 2024

Para este feminaje de poder, mejor no

Frustrada gobernanza es frustrada mujer en los cargos de poder
Por A. De la Torre

Las integrantes del género femenino que han ocupado y ocupan cargos de poder público con la cuarta transformación (La cuata tanfomachón), provocan una mayor frustración que la que provocan sus gobiernos.

Las características del desempeño de las funcionarias municipales, funcionarias estatales, regidoras, diputadas, senadoras y gobernadoras, incluida la cónsul ex gobernadora, son el servilismo, el patrimonialismo y la arrogancia en su comportamiento, este incumplimiento se refleja de que en lugar de ser accesibles, son autoritarias, en lugar de ser sensibles son frías y calculadoras, en lugar de ser honestas, son también corruptas como lo que hicieron aquellos con los cargos de poder en el pasado.

Ese mito de que la mujer es más honesta y sensible, se derrumba con los comportamientos de las mujeres que ejercen poder con el actual régimen de la 4T.

De cualquier manera, en realidad no es equidad de género, las mujeres que llegan, son familiares o comadres de los varones con poder, nunca han llegado mujeres del pueblo, son tan segregadas como los hombres del pueblo.

El supuesto reparto de género es un mecanismo más de la manipulación para obtener el poder público, una actividad sustanciosa en un régimen político abusivo que no ha cambiado.

Igual le ha pasado a los gobiernos de todos los ayuntamientos, de los legisladores estatales del Congreso, y del actual gobierno del Estado de Sonora, -que surgen del voto anti prianista, producto del voto del 2018 por López Obrador-, son autoritarios, antidemocráticos, ineficientes, sin pueblo y se portan corruptos como lo hicieron los gobiernos priistas.

Las mujeres de la 4T cuando ya caen en un cargo de poder, se despegan tanto del suelo que les vuela la cabeza, se suben con un gran aire de grandeza a una curul o a un recinto, y se yerguen, encadiladamente, vistiéndose de un nuevo ropaje que no conocíamos, pierden el piso y suelen, para no perder el control, despegar sus miradas y sus finas laringes del populacho que las llevó a sus aposentos extremadamente bien cobrados.

La deshonestidad de estas mujeres se refleja con mayor silueta, que la que pueden reflejar los varones con cargos de poder, que aunque no son distintos, la mayor parte de estos, si logran cubrir las apariencias.

La cultura patrimonialista del ejercicio del poder público en México, una tendencia viciada, se pinta de más intenso color en una fémina que en un homme.

Las mujeres priistas del pasado como Beatriz Paredes, Dulce Sauri, Claudia Ruiz Massieu, Claudia Pavlovich, Griselda Alvarez, Maria de los Angeles Moreno, se han quedado chiquitas, tal vez a causa de ese predominio paternalista del priismo autoritario comparadas con las mujeres de gobiernos surgidos del lopez obradorismo, hoy en una mayor cantidad relativa como secretarias de estado, gobernadoras, senadoras, diputadas o alcaldesas.

Lamentablemente las definen vicios y defectos, no las definen patrones de conducta virtuosos, como la apertura, la conducta demócrata, o la sensibilidad popular, mucho menos resultados de eficiencia, capacidad o destreza en el ejercicio del poder.

Sus ideas son repetitivas, desactualizadas y sin motivación histórica de lucha y al contrario desvisten sus peores defectos, no son eficientes, no generan soluciones en ningún aspecto, ni en gobernanza ni en reformas para la sociedad.

Representan los intereses de la politica dominada por quienes las recomendaron, las pusieron o están detrás de sus espaldas, los costumbristas del pasado machista, que no responden a un nuevo régimen de igualdad y participación de todas y todos.

Asi puedo referirme a la misma Claudia Pavlovich que no fue investigada ni denunciada de nada, a pesar de todas sus conductas represivas, endeudadoras, autoritarias y arbitrarias como aquel desplante de la “ley veto”, fue protegida de forma descarada por el presidente.

Tenemos igual a la señora Célida López, un fracaso como alcaldesa de Hermosillo y funcionaria estatal, ineficiente, derechista, discrecional, obediente, y cambia color, sin apertura ni sensibilidad social.

La señora que fue todo un fracaso en seguridad pública, Dolores Del Río, ineficiente, manipuladora, inflexible, arcaica, cambia color, y convenenciera.

La señora Claudia Conteras ex Fiscal de Justicia, incapaz, fría y calculadora, adaptable, inflexible, insensible, autoritaria, cómplice de la delincuencia, tapadera de los inventores de delitos.

Margarita Vélez de Mariscal, convenenciera porque primero supo arrebatar una diputación local que no le pertenecía, y logró convertirse en secretaria de economía, fingida, desobligada, obediente, arrogante, priísta, adaptable al contexto, encumbrada desapartada de las carácteristicas de la mujer común, que son la sensibilidad y la modestia.

Lorenia Valles, perredista supo adaptarse como una gran depredadora de puestos y tres curules, con una carrera política a base de manipulación de grandes cantidades de mujeres, autoritaria, convenenciera, actriz de la política que sin mayores aspavientos pasa por encima de cualquier aspiración de la mujer del pueblo, “los cargos son solo para mí”.

Lili Tellez, grosera, fingida, adaptada a representar intereses de poder, hipócrita política, destrampada, capaz de traicionar y de tomar tribunas con una obsesividad irracional, con poco sustento de ideas y a pesar de su inestabilidad, toda una actriz de la televisión.

Gabriela Martínez ex regidora de Cajeme, inestable, contradictoria, ineficiente gravemente como diputada federal, desubicada, ignorante, sensible pero antípoda de su propia sensibilidad por conveniencia política, sin ideas y sin propuestas por que no las tuvo nunca.

Ernestina Castro, subordinada, contradictoria, ineficiente, mareada, con mucha carencia de reacción política, desubicada, autoritaria, obediente al gobernador, sin propuestas, explosiva y antisocial.

Patricia Patiño, autoritaria, manipuladora con altas dosis, convenenciera, nepotista, beneficiaria sin méritos para hacerse cargo de la educación superior, con un carácter elevado del común de la mujer del pueblo pero capaz de manipularla, muy deshonesta por ocupar dos o tres cargos al mismo tiempo.

Las mujeres reelectas o brincadoras, con cargos, deben dejar el paso para mujeres de clase media y mujeres trabajadoras, no apegadas a su principal característica; el vínculo con los varones con cargos de poder.

El bajo desarrollo de la capacitación política y de la formación de una cultura democrática genera creer que unas cuantas mujeres son el fracaso de la mujer en general en el ejercicio del poder público, y no es así.

Con todo respeto a ellas, a estas mujeres con cargos, que las halagan y no les señalan sus fallas, pero la ineficiencia y la deshonestidad se vuelven las características rechazables en este puñado de políticas que no son el ejemplo a seguir, y que la mujer de la colonia, del campo, de la maquiladora, de la familia y la honradez popular tenga la posibilidad de demostrar que la mujer es más que un puñado de deshonestas y que puede y debe gobernar, pero no así. Como diría el Juanito de la Machi López, agárrense que esto apenas va empezando.



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