Frustrada gobernanza
es frustrada mujer en los cargos de poder
Por A. De la Torre
Las integrantes del género femenino que han ocupado y ocupan cargos de poder público con la cuarta transformación (La cuata tanfomachón), provocan una mayor frustración que la que provocan sus gobiernos.
Las
características del desempeño de las funcionarias municipales, funcionarias
estatales, regidoras, diputadas, senadoras y gobernadoras, incluida la cónsul
ex gobernadora, son el servilismo, el patrimonialismo y la arrogancia en su
comportamiento, este incumplimiento se refleja de que en lugar de ser
accesibles, son autoritarias, en lugar de ser sensibles son frías y
calculadoras, en lugar de ser honestas, son también corruptas como lo que
hicieron aquellos con los cargos de poder en el pasado.
Ese
mito de que la mujer es más honesta y sensible, se derrumba con los
comportamientos de las mujeres que ejercen poder con el actual régimen de la 4T.
De
cualquier manera, en realidad no es equidad de género, las mujeres que llegan,
son familiares o comadres de los varones con poder, nunca han llegado mujeres
del pueblo, son tan segregadas como los hombres del pueblo.
El
supuesto reparto de género es un mecanismo más de la manipulación para obtener
el poder público, una actividad sustanciosa en un régimen político abusivo que
no ha cambiado.
Igual
le ha pasado a los gobiernos de todos los ayuntamientos, de los legisladores
estatales del Congreso, y del actual gobierno del Estado de Sonora, -que surgen
del voto anti prianista, producto del voto del 2018 por López Obrador-, son
autoritarios, antidemocráticos, ineficientes, sin pueblo y se portan corruptos
como lo hicieron los gobiernos priistas.
Las
mujeres de la 4T cuando ya caen en un cargo de poder, se despegan tanto del
suelo que les vuela la cabeza, se suben con un gran aire de grandeza a una
curul o a un recinto, y se yerguen, encadiladamente, vistiéndose de un nuevo
ropaje que no conocíamos, pierden el piso y suelen, para no perder el control,
despegar sus miradas y sus finas laringes del populacho que las llevó a sus
aposentos extremadamente bien cobrados.
La
deshonestidad de estas mujeres se refleja con mayor silueta, que la que pueden
reflejar los varones con cargos de poder, que aunque no son distintos, la mayor
parte de estos, si logran cubrir las apariencias.
La
cultura patrimonialista del ejercicio del poder público en México, una tendencia
viciada, se pinta de más intenso color en una fémina que en un homme.
Las
mujeres priistas del pasado como Beatriz Paredes, Dulce Sauri, Claudia Ruiz
Massieu, Claudia Pavlovich, Griselda Alvarez, Maria de los Angeles Moreno, se
han quedado chiquitas, tal vez a causa de ese predominio paternalista del
priismo autoritario comparadas con las mujeres de gobiernos surgidos del lopez
obradorismo, hoy en una mayor cantidad relativa como secretarias de estado, gobernadoras,
senadoras, diputadas o alcaldesas.
Lamentablemente
las definen vicios y defectos, no las definen patrones de conducta virtuosos,
como la apertura, la conducta demócrata, o la sensibilidad popular, mucho menos
resultados de eficiencia, capacidad o destreza en el ejercicio del poder.
Sus
ideas son repetitivas, desactualizadas y sin motivación histórica de lucha y al
contrario desvisten sus peores defectos, no son eficientes, no generan
soluciones en ningún aspecto, ni en gobernanza ni en reformas para la sociedad.
Representan
los intereses de la politica dominada por quienes las recomendaron, las
pusieron o están detrás de sus espaldas, los costumbristas del pasado machista,
que no responden a un nuevo régimen de igualdad y participación de todas y
todos.
Asi
puedo referirme a la misma Claudia Pavlovich que no fue investigada ni
denunciada de nada, a pesar de todas sus conductas represivas, endeudadoras,
autoritarias y arbitrarias como aquel desplante de la “ley veto”, fue protegida
de forma descarada por el presidente.
Tenemos
igual a la señora Célida López, un fracaso como alcaldesa de Hermosillo y
funcionaria estatal, ineficiente, derechista, discrecional, obediente, y cambia
color, sin apertura ni sensibilidad social.
La
señora que fue todo un fracaso en seguridad pública, Dolores Del Río,
ineficiente, manipuladora, inflexible, arcaica, cambia color, y convenenciera.
La
señora Claudia Conteras ex Fiscal de Justicia, incapaz, fría y calculadora,
adaptable, inflexible, insensible, autoritaria, cómplice de la delincuencia,
tapadera de los inventores de delitos.
Margarita
Vélez de Mariscal, convenenciera porque primero supo arrebatar una diputación
local que no le pertenecía, y logró convertirse en secretaria de economía, fingida,
desobligada, obediente, arrogante, priísta, adaptable al contexto, encumbrada
desapartada de las carácteristicas de la mujer común, que son la sensibilidad y
la modestia.
Lorenia
Valles, perredista supo adaptarse como una gran depredadora de puestos y tres
curules, con una carrera política a base de manipulación de grandes cantidades
de mujeres, autoritaria, convenenciera, actriz de la política que sin mayores
aspavientos pasa por encima de cualquier aspiración de la mujer del pueblo, “los
cargos son solo para mí”.
Lili
Tellez, grosera, fingida, adaptada a representar intereses de poder, hipócrita
política, destrampada, capaz de traicionar y de tomar tribunas con una
obsesividad irracional, con poco sustento de ideas y a pesar de su
inestabilidad, toda una actriz de la televisión.
Gabriela
Martínez ex regidora de Cajeme, inestable, contradictoria, ineficiente
gravemente como diputada federal, desubicada, ignorante, sensible pero antípoda
de su propia sensibilidad por conveniencia política, sin ideas y sin propuestas
por que no las tuvo nunca.
Ernestina
Castro, subordinada, contradictoria, ineficiente, mareada, con mucha carencia
de reacción política, desubicada, autoritaria, obediente al gobernador, sin
propuestas, explosiva y antisocial.
Patricia
Patiño, autoritaria, manipuladora con altas dosis, convenenciera, nepotista,
beneficiaria sin méritos para hacerse cargo de la educación superior, con un
carácter elevado del común de la mujer del pueblo pero capaz de manipularla, muy
deshonesta por ocupar dos o tres cargos al mismo tiempo.
Las
mujeres reelectas o brincadoras, con cargos, deben dejar el paso para mujeres
de clase media y mujeres trabajadoras, no apegadas a su principal
característica; el vínculo con los varones con cargos de poder.
El
bajo desarrollo de la capacitación política y de la formación de una cultura
democrática genera creer que unas cuantas mujeres son el fracaso de la mujer en
general en el ejercicio del poder público, y no es así.
Con
todo respeto a ellas, a estas mujeres con cargos, que las halagan y no les
señalan sus fallas, pero la ineficiencia y la deshonestidad se vuelven las características
rechazables en este puñado de políticas que no son el ejemplo a seguir, y que
la mujer de la colonia, del campo, de la maquiladora, de la familia y la
honradez popular tenga la posibilidad de demostrar que la mujer es más que un
puñado de deshonestas y que puede y debe gobernar, pero no así. Como diría el
Juanito de la Machi López, agárrense que esto apenas va empezando.
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