miércoles, 23 de septiembre de 2026

A alguien hay que echarle la culpa, el caso Ruffo Appel

 Ruffo como chivo expiatorio del tráfico de diesel-huachicol.

El primer gobernador de oposición de la era moderna mexicana enfrenta uno de los capítulos más difíciles de su vida. Entre acusaciones graves, amparos y la disputa por la prisión domiciliaria, su caso plantea una pregunta que trasciende al personaje: ¿cómo debe juzgar una democracia a quienes ayudaron a construirla?

Por Leonardo Reichel Urroz

Hay fotografías que con el paso de los años dejan de pertenecer solamente a sus protagonistas y terminan formando parte de la historia de un país.

Una de ellas podría ser la de Ernesto Ruffo Appel celebrando su triunfo electoral en Baja California en 1989. México era entonces un país muy diferente.

El PRI había gobernado todas las entidades federativas durante décadas y la posibilidad de que un partido de oposición conquistara una gubernatura parecía todavía extraordinaria. Hasta que ocurrió.

El 2 de julio de 1989, Ernesto Ruffo Appel, candidato del Partido Acción Nacional, ganó la gubernatura de Baja California, no fue simplemente una victoria del PAN, fue un acontecimiento que ayudó a modificar la historia electoral mexicana.

Por primera vez en la época moderna, el poder político reconocía el triunfo de un candidato opositor en una gubernatura. Ruffo se convirtió así en el primer gobernador emanado del PAN y en una de las figuras simbólicas de un proceso de alternancia que, once años después, alcanzaría la Presidencia de la República.

Treinta y siete años más tarde, aquella imagen inevitablemente contrasta con otra muy distinta:

Ernesto Ruffo Appel, de 74 años, recluido en el penal federal de máxima seguridad de El Altiplano, enfrentando acusaciones por delitos relacionados con delincuencia organizada, contrabando y operaciones con hidrocarburos.

La distancia entre aquellas dos imágenes resulta enormem pero precisamente por eso este caso merece algo más que un titular espectacular, merece contexto, ymerece prudencia.

Las acusaciones son graves

La Fiscalía General de la República atribuye a Ruffo y a otros imputados participación en una presunta organización dedicada a introducir ilegalmente combustibles a México.

De acuerdo con información conocida del expediente, la investigación sostiene que mediante una estructura en la que habrían participado once compañías se introdujeron al país aproximadamente 18.2 millones de litros de petrolíferos transportados en 163 carrotanques.

Una de las empresas involucradas es Ingemar, compañía con la que Ruffo ha tenido relación empresarial, el exgobernador fue detenido en julio y posteriormente vinculado a proceso.

Las acusaciones son indudablemente graves, pero hay una distinción fundamental que cualquier información responsable debe conservar: Ernesto Ruffo está acusado y vinculado a proceso. No ha sido condenado.

Corresponderá al Ministerio Público demostrar sus acusaciones y a la defensa combatirlas. Finalmente será un tribunal, no los medios de comunicación ni las simpatías políticas, quien deberá resolver, la prisión domiciliaria

Durante las últimas horas se ha producido cierta confusión informativa alrededor de la situación jurídica del exgobernador.

Una jueza federal concedió una suspensión definitiva relacionada con la negativa anterior de permitir que Ruffo cumpliera la prisión preventiva en su domicilio.

Algunas informaciones interpretaron inicialmente esa resolución como una autorización inmediata para abandonar El Altiplano, pero no es así, al menos hasta ahora, ya que Ruffo permanece recluido.

La audiencia en la que su defensa solicitará formalmente la modificación de la medida cautelar está prevista para el viernes 25 de septiembre.

Los abogados han argumentado, entre otras circunstancias, que Ruffo tiene 74 años y han presentado elementos relacionados con su estado de salud.

Será nuevamente la autoridad judicial quien determine si existen condiciones legales para que continúe enfrentando el proceso desde su domicilio.

Pero también aquí conviene hacer una distinción, ya que la prisión domiciliaria no significa libertad, mucho menos absolución.

De concederse, cambiarían las condiciones en las cuales enfrentaría el proceso, no desaparecerían las acusaciones.

El peso de la historia

El caso sería relevante aunque Ernesto Ruffo nunca hubiera participado en política, pero participó ocupando un lugar indiscutible en la historia electoral mexicana.

Antes de convertirse en gobernador había ganado la Presidencia Municipal de Ensenada en 1986, y tres años después consiguió algo que hasta entonces parecía extraordinariamente difícil: derrotar al PRI en una elección estatal y conseguir que aquella victoria fuera reconocida.

Su llegada al gobierno de Baja California entre 1989 y 1995 representó uno de los primeros grandes ensayos de alternancia política en México.

No convirtió al país inmediatamente en una democracia plena, tampoco terminó con los problemas electorales mexicanos, pero abrió una puerta.

Después vendrían otras gubernaturas opositoras, nuevos equilibrios en el Congreso y finalmente la alternancia presidencial del año 2000 y Ruffo forma parte de esa historia.

Reconocerlo no significa defenderlo de las acusaciones actuales y de la misma manera que las acusaciones actuales tampoco pueden borrar retrospectivamente lo ocurrido en 1989, son dos realidades que pueden coexistir.

¿Debe importar quién es el acusado? Aquí comienza quizá la parte más interesante del caso, ¿Qué debe hacer una democracia cuando una persona que contribuyó a su proceso de apertura termina sentada frente a sus tribunales?

La respuesta debería ser sencilla: Exactamente lo mismo que haría con cualquier otro ciudadano, ni más ni menos. Los méritos históricos no conceden inmunidad penal.

Haber contribuido a la democratización del país no significa obtener una protección permanente frente a la justicia.

Si existen pruebas suficientes de la comisión de delitos, deben presentarse ante los tribunales y evaluarse conforme a derecho pero el principio funciona también en sentido contrario.

La importancia del acusado, su militancia política o la espectacularidad de las imputaciones tampoco deberían disminuir sus derechos.

La presunción de inocencia no existe solamente para las personas que nos resultan simpáticas.

Existe precisamente para impedir que una acusación se convierta automáticamente en condena.

Entre dos extremos

El caso Ruffo corre el riesgo de quedar atrapado entre dos narrativas igualmente insuficientes, una consiste en convertir inmediatamente al exgobernador en culpable.

La otra consiste en presentarlo automáticamente como víctima de una persecución política, per ninguna de las dos puede afirmarse simplemente a partir de lo que hoy conocemos.

Sus adversarios políticos pueden considerar las acusaciones una confirmación de sospechas y sus amigos y correligionarios pueden pensar que existe una motivación política detrás del proceso.

Ambas posiciones pueden existir legítimamente en el debate público pero un tribunal necesita algo diferente que son las pruebas, y ésa debería ser también la exigencia de los ciudadanos.

Que la Fiscalía presente y sostenga las suyas, que la defensa tenga acceso a ellas y pueda combatirlas, que los jueces resuelvan sin presiones políticas y que finalmente conozcamos las razones jurídicas de las decisiones.

Un amparo tampoco es una absolución

El proceso judicial de Ruffo incluye además diversos recursos promovidos por su defensa, eso ha generado otra fuente de confusión.

En México suele interpretarse un amparo concedido como si automáticamente significara que la persona acusada ha demostrado su inocencia. No necesariamente.

Un amparo puede revisar actos de autoridad, procedimientos, medidas cautelares o posibles violaciones de derechos sin resolver por sí mismo el fondo de la acusación penal.

En el caso actual, la controversia sobre prisión domiciliaria tiene que ver fundamentalmente con dónde y bajo qué condiciones Ruffo debe permanecer mientras continúa el procedimiento.

No determina todavía si cometió o no los delitos que se le atribuyen y esa diferencia puede parecer jurídica pero en realidad es profundamente democrática.

El Ruffo de 1989 y el Ruffo de 2026

Resulta inevitable comparar ambos momentos.

En 1989, Ruffo representaba al ciudadano opositor que exigía que su voto fuera reconocido frente a un sistema político dominado por un solo partido.

En 2026 es un ciudadano acusado por el Estado de delitos sumamente graves, parecen dos historias completamente diferente donde auizá no lo sean tanto ya que n el fondo existe un elemento común: los límites del poder.

En 1989 la pregunta era si el poder político sería capaz de reconocer una derrota electoral.

En 2026 la pregunta es si el poder judicial y las instituciones encargadas de procurar justicia serán capaces de procesar a una figura históricamente relevante respetando simultáneamente la ley, las pruebas y sus derechos.

La democracia no consiste solamente en contar correctamente los votos, también consiste en investigar correctamente los delitos.

En respetar los derechos del acusado, en evitar condenas anticipadas y en impedir privilegios derivados del poder, del dinero, de la historia o de las relaciones políticas.

Ni homenaje ni condena

Quizá ésa sea la manera más sensata de observar hoy a Ernesto Ruffo Appel, sin olvidar quién fue, pero tampoco permitiendo que aquello determine quién es jurídicamente hoy.

Su triunfo de 1989 pertenece a la historia política mexicana, las acusaciones de 2026 pertenecen a un expediente judicial que todavía debe resolverse, confundir ambas cosas sería injusto en cualquiera de las dos direcciones.

No corresponde absolver a Ruffo porque alguna vez representó una esperanza democrática.

Pero tampoco corresponde condenarlo porque hoy enfrenta acusaciones particularmente graves donde hay fiscales, hay abogados defensores, hay jueces y debe haber pruebas.

La historia frente a la justicia

Quizá dentro de algunos años conozcamos completamente el desenlace de este episodio y las acusaciones podrán acreditarse o podrán desmoronarse.

Ruffo podrá ser condenado o podrá ser absuelto, todavía no lo sabemos y reconocer que no lo sabemos no constituye debilidad periodística ya que es precisamente la diferencia entre informar y sentenciar.

Ernesto Ruffo Appel ayudó a protagonizar en 1989 uno de los episodios que ampliaron la competencia política mexicana.

Treinta y siete años después, esa misma democracia enfrenta otra prueba muy distinta.

La democracia que la elección de Ruffo ayudó a ensanchar en 1989 se pone también a prueba en 2026: no por absolverlo ni por condenarlo anticipadamente, sino por garantizar que las acusaciones se prueben o se desestimen mediante un proceso imparcial, transparente y apegado a derecho.

Eso es lo que debería importar, no solamente por Ernesto Ruffo, si no por todos.

(Si tu opinión es coincidente con la mia, te invito a que la compartas en tu muro) .

sábado, 19 de septiembre de 2026

La disputa ya empezó por el 2027

Entre encuestas, aspiraciones y alianzas, el verdadero juego por la gubernatura apenas comienza

Sonora 2027: la sucesión que comenzó antes de tiempo 

Por Leonardo Reichel Urroz

Todavía falta tiempo para que los sonorenses acudan a las urnas, pero políticamente la carrera por la gubernatura de Sonora ya comenzó.

No hay todavía candidatos formalmente definidos, las campañas están lejos de los tiempos legales y muchas de las actuales mediciones representan apenas fotografías momentáneas de un escenario que inevitablemente habrá de modificarse. Sin embargo, sería ingenuo ignorar lo que está ocurriendo.

La política sonorense se está moviendo.

Y se está moviendo con una intensidad que revela algo más profundo que una simple competencia anticipada por las candidaturas: los partidos ya están intentando descubrir quién puede ganar antes de decidir quién debe competir.

Esa diferencia es fundamental.

Porque una cosa es tener al aspirante mejor posicionado dentro de un partido y otra, muy distinta, ser capaz de construir una mayoría electoral en todo el estado.

Ahí comienza la verdadera historia de Sonora rumbo a 2027.

Morena: la ventaja que todavía necesita nombre y apellido

El punto de partida parece favorecer claramente a Morena.

El partido que gobierna Sonora conserva una ventaja importante en las mediciones partidistas. Su marca continúa teniendo una presencia electoral considerable y, a diferencia de sus adversarios, cuenta con una estructura política que ya conoce el ejercicio del poder estatal.

Pero precisamente por eso enfrenta su primera gran paradoja.

Morena tiene ventaja como partido, pero todavía necesita convertir esa ventaja en una candidatura capaz de conservarla.

Dentro del movimiento aparecen varios nombres.

Lorenia Valles Sampedro parece haber adquirido una ventaja significativa en las mediciones internas que se han difundido. Su crecimiento merece atención porque no solamente aparece como una aspirante competitiva dentro de Morena, sino como una figura que comienza a adquirir identidad propia dentro del electorado de la llamada Cuarta Transformación.

Javier Lamarque Cano, por su parte, conserva el peso político que le otorga su trayectoria y su presencia en Cajeme, aunque las mediciones difundidas recientemente parecen mostrar una pérdida de terreno frente a Valles.

Y Célida López Cárdenas representa otro factor que no debería descartarse.

Su incorporación activa a las tareas territoriales demuestra que la competencia interna está lejos de haber terminado.

Pero aquí aparece una pregunta inevitable:

¿La candidatura morenista será producto de la popularidad individual, de la estructura territorial, de la cercanía con el proyecto nacional o de una combinación de las tres?

La encuesta será, presumiblemente, el mecanismo de decisión.

Pero ninguna encuesta podrá resolver por sí sola las diferencias políticas que inevitablemente surgirán cuando llegue el momento de escoger.

El PAN descubre que tiene una carta, pero necesita una baraja

Si Morena tiene el problema de seleccionar a su candidato, la oposición enfrenta uno todavía mayor:

construir una alternativa electoral capaz de competir con Morena.

Dentro del PAN, Antonio Astiazarán aparece como el nombre más fuerte.

El alcalde de Hermosillo tiene una ventaja evidente: gobierna la capital del estado y cuenta con una plataforma política que le permite mantener presencia cotidiana ante una parte considerable del electorado.

Las mediciones difundidas lo colocan muy por encima de otros aspirantes panistas.

Pero aquí conviene hacer una precisión.

Una cosa es ser el candidato más competitivo del PAN y otra convertirse automáticamente en el candidato de toda la oposición.

Ese salto no es pequeño.

Para lograrlo tendría que convencer no solamente a los panistas, sino también a priistas, ciudadanos sin partido, sectores empresariales, independientes y eventualmente simpatizantes de Movimiento Ciudadano.

Y, sobre todo, tendría que convencer a las dirigencias de esos partidos de que él es la persona alrededor de la cual vale la pena construir una alianza.

Ahí estará una de las batallas políticas más interesantes de los próximos meses.

El PRI: el partido que todavía busca una brújula

El caso del PRI resulta particularmente revelador.

Un partido que durante décadas dominó la política sonorense enfrenta ahora una situación paradójica: posee memoria histórica, cuadros políticos, estructura territorial y una marca que todavía conserva reconocimiento, pero parece carecer de un liderazgo sucesorio claramente dominante.

El elevado porcentaje de indecisos que muestran algunas mediciones internas es más que un dato estadístico.

Es un síntoma.

El priismo sonorense parece estar preguntándose qué quiere ser.

¿Una fuerza autónoma?

¿Un aliado del PAN?

¿Un componente de una coalición opositora más amplia?

¿O simplemente una organización destinada a negociar su participación en una elección dominada por fuerzas más grandes?

La respuesta a esas preguntas podría determinar si el PRI llega a 2027 como protagonista, como aliado estratégico o como espectador.

Y entonces aparece Movimiento Ciudadano

Pero si hay una fuerza que puede complicar los cálculos tradicionales, es Movimiento Ciudadano.

La aparición de Luis Donaldo Colosio Riojas en las mediciones relacionadas con Sonora merece especial atención.

Su nombre tiene una enorme capacidad de movilización política y mediática, aunque existe una pregunta que no puede ser ignorada:

¿Puede una figura con peso nacional convertirse en una candidatura electoralmente viable para Sonora?

Ese asunto tiene dos dimensiones.

La primera es política.

La segunda es territorial.

La discusión sobre el arraigo no es un detalle menor en una elección estatal. En una contienda por la gubernatura, los electores no solamente votan por un nombre o una marca; también evalúan conocimiento del territorio, trayectoria, resultados y capacidad para comprender problemas locales.

Sin embargo, sería igualmente equivocado subestimar el atractivo de una figura nacional.

Si Colosio Riojas decidiera competir en Sonora, podría alterar significativamente el equilibrio de fuerzas.

Y quizá ésa sea precisamente la razón por la que su nombre empieza a producir tanta inquietud en el tablero político.

La verdadera elección no será Morena contra PAN

Éste puede ser uno de los errores más frecuentes al analizar prematuramente la elección de 2027.

El verdadero escenario podría no ser simplemente:

Morena vs. PAN.

Podría ser:

Morena y aliados vs. una coalición opositora vs. Movimiento Ciudadano.

O incluso podría aparecer una configuración completamente distinta.

Porque las alianzas pueden modificar radicalmente las matemáticas electorales.

Un candidato opositor competitivo puede obtener votos que, separados entre PAN, PRI y otros partidos, resultarían insuficientes.

Pero también existe el riesgo contrario.

Una alianza demasiado amplia puede generar rechazo entre sectores que no desean ver juntos a partidos históricamente enfrentados.

La política electoral no es una simple suma aritmética.

Dos partidos que juntos tienen 30 puntos no necesariamente producen automáticamente un candidato con 30 puntos.

Hay electores que siguen al partido.

Hay otros que siguen al candidato.

Y existen muchos que votan precisamente para impedir que gane alguien.

Ese último segmento —el voto de rechazo— puede convertirse en uno de los factores decisivos de la elección.

Durazo también estará en la boleta, aunque su nombre no aparezca

La sucesión de 2027 tendrá además un protagonista inevitable: Alfonso Durazo.

Aunque el gobernador no aparezca en la boleta, su administración será evaluada por los ciudadanos.

El Quinto Informe de Gobierno llega precisamente en un momento políticamente delicado.

El gobierno estatal puede presentar inversiones, infraestructura, proyectos estratégicos y avances sociales.

La oposición, por su parte, insistirá en los pendientes, particularmente en seguridad, servicios y otros problemas que afectan cotidianamente a los sonorenses.

Ambas narrativas competirán.

Y probablemente ambas contendrán una parte de la verdad.

Porque gobernar consiste precisamente en eso: obtener resultados visibles mientras se enfrentan problemas que no desaparecen simplemente porque un gobierno anuncie soluciones.

El éxito político de Durazo en la parte final de su administración será, por tanto, un activo para Morena.

Pero cualquier deterioro en la percepción ciudadana puede convertirse en combustible para la oposición.

En 2027 los sonorenses no solamente elegirán a un candidato; también emitirán un juicio sobre una etapa política.



La encuesta de hoy no es la elección de mañana.

Hay que mirar las encuestas con serenidad.

Una medición realizada en septiembre de 2026 no puede considerarse un resultado electoral anticipado de 2027.

Las preferencias pueden cambiar.

Los candidatos pueden cambiar.

Las alianzas pueden cambiar.

La economía puede cambiar.

La seguridad puede cambiar.

Incluso pueden aparecer acontecimientos que hoy nadie contempla.

La política mexicana tiene una extraordinaria capacidad para producir sorpresas.

Por eso, más que preguntar obsesivamente quién ocupa el primer lugar hoy, habría que formular preguntas mucho más importantes:

¿Quién tiene capacidad para crecer?

¿Quién puede construir una coalición social más amplia?

¿Quién tiene menos rechazo?

¿Quién puede ganar fuera de su zona natural de influencia?

¿Quién tiene estructura territorial?

¿Quién puede enfrentar una campaña estatal completa?

Y quizá la pregunta decisiva:

¿Quién puede convencer a los ciudadanos que hoy no quieren votar por nadie?

Ahí podría estar la elección.

Sonora todavía no tiene candidato ganador

Lo que existe actualmente es un tablero en movimiento.

Morena parte con ventaja.

Lorenia Valles aparece como una figura ascendente dentro del oficialismo.

Astiazarán representa, hasta ahora, la carta más visible del panismo.

El PRI busca definir su lugar.

Movimiento Ciudadano tiene la posibilidad de alterar la ecuación.

Y Alfonso Durazo encara la etapa final de su gobierno sabiendo que su administración será inevitablemente parte del debate sucesorio.

Pero falta demasiado para declarar vencedores.

La política tiene una característica que las encuestas no pueden medir completamente:

la capacidad de cambiar.

Una candidatura puede crecer en meses.

Otra puede desplomarse en semanas.

Un escándalo puede modificar percepciones.

Una alianza puede transformar una elección.

Una crisis puede cambiar las prioridades ciudadanas.

Y un candidato que hoy parece secundario puede convertirse mañana en la alternativa que nadie había previsto.

Por eso, quizá el título más preciso para lo que estamos viendo no sea todavía la carrera por la gubernatura.

Es, más bien, la construcción de la carrera por la gubernatura.

Y esa construcción apenas comienza.

Sonora entrará en los próximos meses en un territorio políticamente fascinante: el de las aspiraciones, las alianzas, las encuestas, las rupturas y las negociaciones.

Los partidos moverán sus piezas.

Los aspirantes medirán sus fuerzas.

Las dirigencias calcularán.

Los encuestadores publicarán números.

Los gobiernos defenderán resultados.

La oposición señalará pendientes.

Y los ciudadanos observarán.

Al final, sin embargo, habrá una sola instancia capaz de convertir todas esas especulaciones en una decisión:

la voluntad de los sonorenses.

Hasta entonces, conviene mirar las encuestas como lo que realmente son:

fotografías de un momento, no profecías del futuro.

Porque en política, como en la vida, el que aparece primero en la fotografía no necesariamente llega primero a la meta.