¿Qué significado tiene que en México no haya proyecto para el socialismo?
Recuerdo que el rotulista Rosalino Lagunes originario de Tabasco y residente de Nogales, me platicaba que López Obrador en
1991 que hizo el Éxodo por la democracia ante el fraude electoral en las elecciones
a gobernador, y que concurría con un grupo de comunistas que apoyaban la toma
de pozos petroleros y tierras en esa entidad, señalando que bebía en la
misma taza de ellos.
López Obrador según el rebelde
con causa, José Luis Palazuelos, le encargó al marxista de origen argentino Enrique
Dussel que le diera sustento ideológico al movimiento que encabezaba, y es así
como se agregaron elementos de la Filosofía de la liberación.
Sin embargo, Morena no dio el
paso necesario para considerarse un movimiento de izquierda socialista, a
cambio le dio el mote el patriarca, de una cosa que le llama Humanismo y le anexa
el adjetivo “mexicano”.
La reserva del líder y los
miedos a los ataques derechistas hicieron que el actual gobierno le saque a
considerarse de tipo socialista o tan siquiera de izquierda radical.
Pero esto es lo de menos, si
existiera un proyecto “humanista” que fuera fondeado por la toma del poder por
la clase obrera o incluso un gobierno donde la economía fuera conducida poco a
poco por la clase obrera, (no por el charrismo sindical con el que hace
pactos), las cosas no desvariarían, no estarían dando tumbos, integrando a sus
filas a políticos de derecha, a políticos priistas y a corruptos y perversos
que se hacen gobernantes de la cuarta transformación.
En México actualmente no
existe proyecto socialista, ni en la izquierda electoral, ni en las tendencias
prianistas que gobiernan con sus siglas, ni en los ex priistas que han ocupado
altos cargos públicos, pero tampoco en las “izquierdas” que defienden al morenismo
y a su “cuarta transformación”.
Morena y sus gobernantes se
han derechizado, no importa que no pierdan las elecciones, las posturas de
derecha constituyen hoy el eje de sus gobiernos incluyendo el sexenio apegado a
la derecha de López Obrador y de su secuela actual.
Por ello les cuesta tanto reivindicarse
de izquierda, de creerles que lo son, cuando sus acciones no lo son, incluso
son peores que lo que hacían y decían el PRI y el PAN.
La inexistencia de un proyecto
socialista, o en vías a que los trabajadores y el pueblo tomen el poder del
Estado, debilita al mismo gobierno, amén de que se han enriquecido y se
enriquecerán como nunca los gobernadores, los secretarios de estado, los altos
funcionarios, los senadores y diputados, los presidentes municipales de 2018 a
2030. El caso del director del IMSS Zoé Robledo basta para concebirlo, su
sueldo es de 225 mil pesos mensuales, usted cree amigo lector, asidua lectora ¿que
ese funcionario se conforme con ese sueldo? que si lo sumamos alcanza la nada chica
cifra en ocho años de 24 millones de pesos, pero mas preocupante sería saber
que hay un beneficio personal extra oficial muy por encima, ni duda cabe.
En México, no solo los gobiernos
posteriores a la Revolución de 1910 les ha dado por no llamarse nunca
socialistas, y se han definido de revolución institucionalizada, de nacionalismo
revolucionario, de humanismo mexicano, bifurcados con la oligarquía burguesa,
el alto charrismo sindical y con los poderes fácticos.
La inexistencia del proyecto
socialista les afecta tanto y les puede costar que pierdan el poder del Estado,
con toda la cauda de casos de corrupción, de vínculos con narcos, de despotismo,
enriquecimiento, ambiciones y reelección.
Pero afecta también a la
verdadera izquierda, que también sufre de esa ambigüedad de no tenerlo de no
formularlo para representación y fondo que le proporcione la clase obrera y el
pueblo desposeído.
Decirse de izquierda es fácil,
actuar como izquierda es lo que no existe, diputados que se transforman en déspotas,
senadores que se vuelven grandes burgueses, gobernadores que son narcos, ministros
judiciales y secretarios de estado que son paladines de un nuevo despotismo.
Eso no es de izquierda, por eso el humanismo mexicano es hueco, hasta podemos
afirmar que no hay una tendencia político ideológica en la filosofía política
que pueda llamarse así.
De Morelos a Madero, no
podemos concebir a los estadistas como socialistas en la historia, pero de
Ricardo Flores Magón a la fecha, no hay pretextos. El concepto socialista es una
paranoia nerviosa para toda la historia política mexicana a pesar de grandes
movimientos sociales desde Villa, Zapata, Cárdenas, los movimientos agrarios y
de la clase obrera: ferrocarrileros, trabajadores de salud, magisterio,
electricistas, obreros industriales, movimiento del 68, movimiento campesino y
guerrillero, indígena zapatista, y muchos más.
Al no tener proyecto
socialista, decirse de izquierda es vano, demagogo y falso, ¿y qué es tenerlo? Es
concebir al Estado como el aparato de representación de los que para vivir solo
usan su fuerza de trabajo, que no tienen propiedad privada y mucho menos
propiedad de fábricas, tierras, inmuebles, capitales, inversiones. Que su única
propiedad son sus manos de trabajo y el hambre de sus intestinos. Que esas
manos son las que mueven las herramientas, las maquinarias, la redes de
embarcaciones, las palancas y los electrodos, fuerza de trabajo que produce la
riqueza que se convierte en acumulación y reproducción de capital.
Tener proyecto socialista es
enseñar el camino que debe trazar la humanidad, y no es al revés, no es tener
humanidad lo que nos va a trazar el proyecto socialista. Humanismo y socialismo
no son lo mismo. El humanismo es una característica del socialismo pero es intrínseca
entre otras características, a su esencia, que no solo es humanista, contempla
el progreso, el desarrollo, el fin de la explotación del ser humano, el avance
tecnológico y la felicidad para la gran mayoría en la desgracia.
Consiste en la amplia y
directa participación en la toma de decisiones del gobierno y de la producción
de mercancias, en la creación y aplicación de leyes, en la impartición de
justicia. Un aparato operativo público que obedezca y represente directamente a
los ciudadanos, que la igualdad sea un fin cotidiano en todas las personas, que
el saber y la capacidad sea el mecanismo práctico del ejercicio social, que la
riqueza no se acumule en unos cuantos apoderados y haya producción de todos los
bienes y necesidades materiales al alcance de todos mujeres y hombres, hasta que
se acabe la pobreza contundentemente.
Ese es el eje para construir
el proyecto socialista que puede empezarse a concretarse paso a paso, pero sin ese proyecto no hay izquierda, y te vas a
convertir en enemigo del pueblo explotado, y vas a perder las elecciones por
que lo único que demuestras son tus mezquinas ambiciones personales, nada más.

