ASTIAZARÁN ES O NO ES ALTERNATIVA DE
GOBIERNO
Por Leonardo Reichel Urroz
La aspiración de Antonio Astiazarán a la
gubernatura de Sonora es legítima y políticamente viable. Su experiencia, sus
triunfos electorales y los resultados que presume en Hermosillo lo convierten
en uno de los principales contendientes frente al predominio de Morena. Sin
embargo, una cosa es tener posibilidades de ganar una elección y otra, mucho
más trascendente, demostrar que se posee un proyecto capaz de transformar la
realidad de un estado.
Astiazarán afirma que no busca ser oposición, sino
opción. La frase es inteligente, pero exige contenido. Ser oposición significa
disputar el poder; ser opción significa ofrecer razones superiores para
ejercerlo.
Hermosillo no es Sonora. La inseguridad en Cajeme,
la crisis del agua, las desigualdades regionales, el deterioro de sectores
productivos y la incertidumbre económica requieren mucho más que una
administración eficiente y una campaña publicitaria exitosa.
Las encuestas recientes muestran una competencia
abierta, aunque contradictoria. Mientras algunas favorecen a Astiazarán, otras
colocan adelante a Lorenia Valles. Morena conserva una poderosa estructura territorial y la
oposición enfrenta sus propias contradicciones. Paradójicamente, los partidos
que podrían llevar a Antonio Astiazarán al triunfo también pueden comprometer
su pretendida renovación.
Pero tampoco Morena puede confundir su fortaleza electoral con una
legitimidad ilimitada. El poder no se justifica por su permanencia, sino por
sus resultados y su responsabilidad ante la sociedad. Ningún partido posee el
monopolio de la virtud pública.
La política, como advirtió Max Weber, exige una
ética de la responsabilidad. Gobernar no consiste solamente en conquistar
posiciones, administrar presupuestos o inaugurar obras. Significa tomar
decisiones difíciles, enfrentar intereses poderosos y responder por sus
consecuencias.
Astiazarán deberá demostrar que tiene algo más que
popularidad, alianzas y habilidad electoral: una visión de Estado,
independencia de criterio y voluntad para enfrentar los problemas estructurales
de Sonora.
La gubernatura de apenas tres años que se disputará
en 2027 hará todavía más exigente esa responsabilidad. No habrá tiempo para
improvisaciones ni para promesas monumentales.
La pregunta fundamental no es si Astiazarán puede
derrotar a Morena, sino qué ganaría realmente Sonora con su victoria.
Porque la alternancia puede cambiar a los
gobernantes sin modificar las prácticas del poder. Y cuando eso sucede, la
democracia se convierte en una simple rotación de ambiciones.
Sonora no necesita solamente otro gobernador.
Necesita otra manera de gobernar.
ANTONIO ASTIAZARÁN: ¿ALTERNATIVA DE GOBIERNO O
SIMPLE ALTERNANCIA?
La disputa por Sonora en 2027 y el desafío de
trascender la ambición electoral.
Por Leonardo Reichel Urroz
La aspiración de Antonio Astiazarán a la
gubernatura de Sonora es legítima y políticamente viable. Su experiencia, sus
triunfos electorales y los resultados que presume en Hermosillo lo convierten
en uno de los principales contendientes frente al predominio de Morena. Sin
embargo, una cosa es tener posibilidades de ganar una elección y otra, mucho
más trascendente, demostrar que se posee un proyecto capaz de transformar la
realidad de un estado.
Astiazarán afirma que no busca ser oposición, sino
opción. La frase es inteligente, pero exige contenido. Ser oposición significa
disputar el poder; ser opción significa ofrecer razones superiores para
ejercerlo.
Hermosillo no es Sonora. La inseguridad en Cajeme,
la crisis del agua, las desigualdades regionales, el deterioro de sectores
productivos y la incertidumbre económica requieren mucho más que una
administración eficiente y una campaña publicitaria exitosa.
Las encuestas recientes muestran una competencia
abierta, aunque contradictoria. Mientras algunas favorecen a Astiazarán, otras
colocan adelante a Lorenia Valles. Morena conserva una poderosa estructura territorial y la
oposición enfrenta sus propias contradicciones. Paradójicamente, los partidos
que podrían llevar a Antonio Astiazarán al triunfo también pueden comprometer
su pretendida renovación.
Pero tampoco Morena puede confundir su fortaleza electoral con una
legitimidad ilimitada. El poder no se justifica por su permanencia, sino por
sus resultados y su responsabilidad ante la sociedad. Ningún partido posee el
monopolio de la virtud pública.
La política, como advirtió Max Weber, exige una
ética de la responsabilidad. Gobernar no consiste solamente en conquistar
posiciones, administrar presupuestos o inaugurar obras. Significa tomar
decisiones difíciles, enfrentar intereses poderosos y responder por sus
consecuencias.
Astiazarán deberá demostrar que tiene algo más que
popularidad, alianzas y habilidad electoral: una visión de Estado,
independencia de criterio y voluntad para enfrentar los problemas estructurales
de Sonora.
La gubernatura de apenas tres años que se disputará
en 2027 hará todavía más exigente esa responsabilidad. No habrá tiempo para
improvisaciones ni para promesas monumentales.
La pregunta fundamental no es si Astiazarán puede
derrotar a Morena, sino qué ganaría realmente Sonora con su victoria.
Porque la alternancia puede cambiar a los
gobernantes sin modificar las prácticas del poder. Y cuando eso sucede, la
democracia se convierte en una simple rotación de ambiciones.
Sonora no necesita solamente otro gobernador.
Necesita otra manera de gobernar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario