domingo, 1 de noviembre de 2026

Opcion prianista opuesta a la opcion moreprianista.

ASTIAZARÁN ES O NO ES ALTERNATIVA DE GOBIERNO

Por Leonardo Reichel Urroz

La aspiración de Antonio Astiazarán a la gubernatura de Sonora es legítima y políticamente viable. Su experiencia, sus triunfos electorales y los resultados que presume en Hermosillo lo convierten en uno de los principales contendientes frente al predominio de Morena. Sin embargo, una cosa es tener posibilidades de ganar una elección y otra, mucho más trascendente, demostrar que se posee un proyecto capaz de transformar la realidad de un estado.

Astiazarán afirma que no busca ser oposición, sino opción. La frase es inteligente, pero exige contenido. Ser oposición significa disputar el poder; ser opción significa ofrecer razones superiores para ejercerlo.

Hermosillo no es Sonora. La inseguridad en Cajeme, la crisis del agua, las desigualdades regionales, el deterioro de sectores productivos y la incertidumbre económica requieren mucho más que una administración eficiente y una campaña publicitaria exitosa.

Las encuestas recientes muestran una competencia abierta, aunque contradictoria. Mientras algunas favorecen a Astiazarán, otras colocan adelante a Lorenia Valles. Morena conserva una poderosa estructura territorial y la oposición enfrenta sus propias contradicciones. Paradójicamente, los partidos que podrían llevar a Antonio Astiazarán al triunfo también pueden comprometer su pretendida renovación.

Pero tampoco Morena puede confundir su fortaleza electoral con una legitimidad ilimitada. El poder no se justifica por su permanencia, sino por sus resultados y su responsabilidad ante la sociedad. Ningún partido posee el monopolio de la virtud pública.

La política, como advirtió Max Weber, exige una ética de la responsabilidad. Gobernar no consiste solamente en conquistar posiciones, administrar presupuestos o inaugurar obras. Significa tomar decisiones difíciles, enfrentar intereses poderosos y responder por sus consecuencias.

Astiazarán deberá demostrar que tiene algo más que popularidad, alianzas y habilidad electoral: una visión de Estado, independencia de criterio y voluntad para enfrentar los problemas estructurales de Sonora.

La gubernatura de apenas tres años que se disputará en 2027 hará todavía más exigente esa responsabilidad. No habrá tiempo para improvisaciones ni para promesas monumentales.

La pregunta fundamental no es si Astiazarán puede derrotar a Morena, sino qué ganaría realmente Sonora con su victoria.

Porque la alternancia puede cambiar a los gobernantes sin modificar las prácticas del poder. Y cuando eso sucede, la democracia se convierte en una simple rotación de ambiciones.

Sonora no necesita solamente otro gobernador. Necesita otra manera de gobernar.

ANTONIO ASTIAZARÁN: ¿ALTERNATIVA DE GOBIERNO O SIMPLE ALTERNANCIA?

La disputa por Sonora en 2027 y el desafío de trascender la ambición electoral.

Por Leonardo Reichel Urroz

La aspiración de Antonio Astiazarán a la gubernatura de Sonora es legítima y políticamente viable. Su experiencia, sus triunfos electorales y los resultados que presume en Hermosillo lo convierten en uno de los principales contendientes frente al predominio de Morena. Sin embargo, una cosa es tener posibilidades de ganar una elección y otra, mucho más trascendente, demostrar que se posee un proyecto capaz de transformar la realidad de un estado.

Astiazarán afirma que no busca ser oposición, sino opción. La frase es inteligente, pero exige contenido. Ser oposición significa disputar el poder; ser opción significa ofrecer razones superiores para ejercerlo.

Hermosillo no es Sonora. La inseguridad en Cajeme, la crisis del agua, las desigualdades regionales, el deterioro de sectores productivos y la incertidumbre económica requieren mucho más que una administración eficiente y una campaña publicitaria exitosa.

Las encuestas recientes muestran una competencia abierta, aunque contradictoria. Mientras algunas favorecen a Astiazarán, otras colocan adelante a Lorenia Valles. Morena conserva una poderosa estructura territorial y la oposición enfrenta sus propias contradicciones. Paradójicamente, los partidos que podrían llevar a Antonio Astiazarán al triunfo también pueden comprometer su pretendida renovación.

Pero tampoco Morena puede confundir su fortaleza electoral con una legitimidad ilimitada. El poder no se justifica por su permanencia, sino por sus resultados y su responsabilidad ante la sociedad. Ningún partido posee el monopolio de la virtud pública.

La política, como advirtió Max Weber, exige una ética de la responsabilidad. Gobernar no consiste solamente en conquistar posiciones, administrar presupuestos o inaugurar obras. Significa tomar decisiones difíciles, enfrentar intereses poderosos y responder por sus consecuencias.

Astiazarán deberá demostrar que tiene algo más que popularidad, alianzas y habilidad electoral: una visión de Estado, independencia de criterio y voluntad para enfrentar los problemas estructurales de Sonora.

La gubernatura de apenas tres años que se disputará en 2027 hará todavía más exigente esa responsabilidad. No habrá tiempo para improvisaciones ni para promesas monumentales.

La pregunta fundamental no es si Astiazarán puede derrotar a Morena, sino qué ganaría realmente Sonora con su victoria.

Porque la alternancia puede cambiar a los gobernantes sin modificar las prácticas del poder. Y cuando eso sucede, la democracia se convierte en una simple rotación de ambiciones.

Sonora no necesita solamente otro gobernador. Necesita otra manera de gobernar. 


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