Transparencia, Elecciones y Derechos Humanos en la
falacia y la manipulación en Sonora
Por Alejandro de la Torre
No amaneció en la larga y oscura noche desesperada. El supuesto “Estado
democrático” se revuelve en sus propias vísceras ahogándose en la perversión de
tener todo bajo control, aparentando inclusión, participación y acceso al poder
público, pero dando a cambio todo lo contrario.
Las piezas fundamentales de sus vicios permanecen intactas: hegemonismo,
privilegios, corrupción.
La historia no se hizo, se repitió con el PAN en el poder gubernamental,
el sistema involucionó o sea se recorrió atrás, como si no hubiera sido suficiente
la opresión de décadas del PRI gobierno y la explotación, enajenación popular y
de los trabajadores, que siguen intactas.
Narcotráfico, intereses fácticos, alta clase empresarial perversa, sistema
de medios de comunicación prostituidos, ganancia para unos cuantos burgueses y
pobreza para la mayoría de la gente, opresión para los indígenas mayos y yaquis
y un esquema podrido y ladrón en el ejercicio de la administración pública del
estado de Sonora.
En este escenario se desenvuelven tres elefantes blancos o mejor dicho
mamuts ostentosos, manipuladores y falaces en Sonora: el Consejo Electoral, el
Instituto de la Transparencia y la Comisión de Derechos Humanos.
El sistema gubernamental requiere de estos tres aparatos que debieron
servir al equilibrio y desarrollo de la democracia y que terminaron por
convertirse en maquinarias cinicas y mentirosas para encubrir al poder
arbitrario, su corrupción, el fraude, la opresión de la sociedad civil, las
injusticias humanas cometidas por el poder gubernamental, el desaseo y la
oscuridad para ejercer los recursos públicos y el sometimiento a la línea
vertical de opresión política contra el pueblo al que marginan del reparto de
la riqueza, las ganancias y los privilegios de grupos selectos que se quedan
con la obra pública y las proveedurías públicas.
Guillermo Padrés demostró ser mejor que Eduardo Bours pero para robar,
para ejercer el despotismo, el compadrazgo, el engaño y la manipulación. Y los
organismos autónomos se vuelven apéndices de esta tramoya, barnizando algunos
casos y algunas competencias pero en la mayor parte de los casos fracasando y
traicionando su función sustancial.
Le sirven al hegemonismo del poder, dotándolo de una imagen trapeada pero
en el fondo es servilista y dependiente, sucia y desleal con la mayoría
ciudadana que marginada los mantiene vía impuestos con altos sueldos y enormes
gastos operativos.
Esa balsa de salvación, esa isla para defenderse y capear la marea
corrupta y abusiva del poder, que debieron asumir como oficio y servirle a la
sociedad, se tornan más bien en contrarios, son los que al final dan la
puntilla para que el naufrago ciudadano se ahogue o dan el ultimo empujón a la
almohada para que la cabeza ciudadana se asfixie o despegan el ultimo dedo de
la mano ciudadana para que caiga al precipicio.
Hay un cordón umbilical cínico e hipócrita entre los organismos autónomos
“ciudadanizados” y el Estado que nada se hace si no se pone detrás la
supervisión y control de la férula del gobernador y su sequito.
Los organismos “ciudadanos” surgen y existen por la demanda generalizada
de la sociedad y del pueblo por un sistema de vida mejor con libertades y
equidad ante la injusticia, el abuso y el despotismo político que reina.
Pero el poder crea y los fabrica para atender esa demanda pero
volviéndolos titieres y adaptados a sus requerimientos de control y al final se
vuelven parte de ese sistema viciado de poder.
Estos son los organismos traidores de la confianza ciudadana CEE, ITIES y
CEDH en Sonora, describámoslos uno por uno.
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